Atenea,
Diosa de la sabiduría
Mujer sabia,
Mujer sabedora,
Acaso sabedora de los dolores y sinsabores de la vida,
Tal vez aquella que no sabe es la que aún cree en el amor,
Y la que ya ha comprendido ciertas cosas,
Se da cuenta,
Que el cuerpo se mueve de aquí para allá,
Que la mujer puede también gritar
Y puede también pelear.
Era la calle de las prostitutas,
Se escuchaban gritos de corajes,
Gritos de defensa por algo suyo,
Y de un lado varios hombres detenían a una mujer,
Y del lado opuesto, otros hombres detenían a otra mujer,
Estas mujeras sabeondas, se enfrentaban a gritos,
Los brazos manoteaban buscando tentar su poder,
El delineador ondulaba ya no sus ojos,
Sino sus ojeras,
sus ojeras cansadas de trasnochar,
de trasnochar de hombre en hombre sin destino,
ni fe en estas tierras de lejano y entrañable poderío.
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